viernes, 1 de febrero de 2013

Querida vida, te echaré de menos.


Os voy a contar la historia de todo lo que viví este verano, puedo decir que fue hasta ahora el mejor de mi vida, a pesar de que al final se truncó bruscamente. Como bien dije en la entrada anterior, un día empezó a dolerme la cadera, al principio pensé que podía ser de la caída que había tenido en bici a pesar de que ya había pasado un tiempo. Ese dolor fue aumentando, recuerdo días de verano en los que venía andando de la playa con mi mejor amiga en los que la pierna me mataba de dolores, recuerdo como el dolor llegó hasta tal punto que un día tomando algo no podía estar sentada, ni de pie, me dolía de todos modos. Mi mejor amiga empezó a preocuparse cuando tuvo que empezar a darme masajes, ya que era la única manera de que pudiésemos pasar tiempo juntas ya que no se me aliviaba el dolor. A día de hoy sigo pensando que tengo mucha suerte de tener una amiga que hiciese todo lo posible porque me encontrase mejor. Fui al médico y me dijeron que tenía una tendinitis, radiografías y consultas dijeron que no tenía nada roto, por lo que no le di importancia, me drogaban a paracetamoles y mi dolor se aliviaba durante las 6 horas que era efectivo el medicamento, no era capaz de vivir sin tomarlo. Recuerdo como al empezar las clases habían empezado a dolerme los hombros, el cuello y las piernas, me sentía cansada, muy cansada, no tenía fuerzas para subir las escaleras del instituto, pero yo seguía yendo. Un día en un examen inicial me empecé a marear del cansancio que tenía y tuve que salir al baño, las clases se me hacían eternas debido al dolor. Una compañera de clase y amiga me decía "tía, odio cuando te pones mala, porque te veo muy mal". El Miércoles de esa semana mi madre ya no me dejó ir a clase, estuve dos días en cama sin medicamento, me moría de dolores, de verdad que no le deseo eso a nadie. El viernes me encontraba mejor porque volví a tomar medicación, esa tarde las dos amigas que mencioné antes vinieron a verme, hasta que sobre las ocho de la tarde, se me paralizó la boca y subí al hospital. A la una de la mañana me dieron el resultado de la analítica. Nunca, jamás olvidaré este momento, estaba con mi madre en una sala vacía pensando que tendría el hierro bajo o algo así, pero sinceramente tenía mucho miedo, porque me encontraba muy mal. Vinieron a avisarnos y al intentar ir me dijeron que era mejor que me quedase ahí que tenían que hablar con mi madre. En ese momento mi vida cambió rotundamente, me di cuenta de que tenía algo malo, que tal vez no saldría de eso y sinceramente no sentí miedo, simplemente piensas lo maravillosa que es tu vida y que es imposible que se tuerza, te aferras a creer que no pasa nada e intenta tranquilizarte. El médico me mandó pasar, entré y vi a mi madre llorando, cosa que me partió el corazón, me preguntó como me encontraba a lo que respondí con la boca llena de miedo "Bueno, bien" me dijo que al día siguiente tenía que ingresar en Oviedo para una larga temporada, sin decirme si quiera que me pasaba, pero de verdad os digo que no lo quise ni saber, me bastaba saber que todo iba a cambiar, aunque no pude imaginarme que tanto. A medida que va pasando el tiempo este va siendo un recuerdo cada vez más lejano y poco a poco todo volverá a la normalidad.

1 comentario:

  1. Animo Andrea!!! ya han pasado unos meses y como bien dices poco a poco irá pasando el tiempo y esto sera un recuerdo lejano!!, veras que pronto llega la normalidad. Un abrazo enorme

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